

DEVOTIO NVMANTIA | 133 A.C
En las agrestes tierras del valle del Duero se alzaba una ciudad celtíbera que durante veinte años resistió heroicamente a las mejores legiones del mundo antiguo convirtiéndose en la mayor pesadilla militar de Roma. Sus feroces guerreros arévacos eran temibles gracias a la falcata una destructiva espada curva capaz de amputar extremidades de un solo tajo y a la devotio ibérica un pacto sagrado por el cual juraban luchar hasta la muerte antes que sobrevivir a su líder caído lo que los volvía completamente inmunes al miedo aprovechando el terreno escarpado los apenas cuatro mil defensores numantinos humillaron a ejércitos romanos inmensamente superiores hasta que el enfurecido Senado envió al implacable Publio Cornelio Escipión Emiliano quien comprendió que debía asfixiar a la ciudad en lugar de combatirla frontalmente. Tras levantar un cerco monumental inexpugnable y bloquear el río para cortar los suministros Escipión esperó con frialdad durante quince largos meses a que el hambre y el crudo invierno diezmaran a la sitiada población finalmente en el verano del año ciento treinta y tres antes de Cristo los numantinos antes que rendirse para ser esclavizados y humillados tomaron una decisión legendaria quemando por completo su ciudad y quitándose la vida unos a otros con sus propias armas dejando a las victoriosas tropas romanas tan solo cenizas y un espeso humo y el recuerdo eterno de un pueblo indomable que eligió la muerte antes que perder su libertad